sábado 26 de julio de 2008

Fantomas

FANTOMAS
Director: Paul Fejos. Con Thomy Bourdelle, Tania Fedor, Jean Galland, Georges Rigaud, Jean Worms. Francia, 1932
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Ha caído esta tarde en Canal Desván la versión de Fantomas de 1932, la tercera tras los seriales de Feuillade y el americano de E. Sedgwick de 1920. La verdad, se la recomiendo a todos mis nietos amantes de la estética foletinesca y forofos del cine raro cuyo tiempo ha pasado ya.

Reproduce al dedillo si no la trama, sí el espíritu de las novelas de Souvestre y Allain, partiendo de una situación muy Old dark house que llena la primera media hora de pasillos góticos, sombras, pasadizos secretos y una recua de ricachones asediados por el inclemente Fantomas mientras en la noche ruge terrible la tormenta. Todo canónico, como ven, muy en la línea marcada recientemente por El legado tenebroso (1927) del gran Paul Leni, lo cual es garantía de fruto bien sabroso.

Se dan cita para gozo del espectador todas las constantes del género: una trama policial repleta de giros inverosímiles que permite cualquier tipo de trampa narrativa con tal de que sea capaz de hacer avanzar la acción y proporcione el clima de misterio y de una cierta irrealidad que este tipo de relatos exige.

Canónica la iconografía, el otro gran puntal del folletín. Una puesta en escena sobria, con las sombras justas, acompaña el devenir de los estereotipados personajes -la aristócrata millonaria, el tenaz comisario Juve, el elegante galán, el asesino sin escrúpulos- por una variedad de escenarios que va desde la mansión misteriosa a la clásica habitación cerrada pasando por un circuito de carreras de coches donde han de perpetrarse nuevas villanías.
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Y un grupo de actores solventes, con un jovencísimo Jorge Rigaud -el San Valentín del cine español tan querido por el mefítico Parada y su Cine de Barrio- haciendo de muchacho noble, forzudo y simplón.
Fantomas, cuyo rostro permance oculto hasta el final, es tan malvado que la empatía con él se hace imposible, y eso a pesar de que está grandioso con sus atavíos de costumbre, la malla negra que le cubre todo el cuerpo y el elegante smoking con antifaz que luce en sociedad.

Un único pero, el desarrollo excesivamente lineal del argumento, apegado todo el tiempo a la peripecia del inspector Juve, verdadero protagonista condenado permanente a la frustración a pesar de su genio. Pero bueno, no importa demasiado, aunque el resultado quede un pelín frío... con la prodigalidad de disfraces, trucos y crímenes disparatados, ¿quién está para fijarse en semejantes menudencias?


viernes 25 de julio de 2008

Identidades equívocas

EL SUECO, EL VAMPIRO Y EL JAPONÉS

Para que vean ustedes que todo eso de las identidades y las patrias no son sino pamemas con las que entretener a nuestros más ingenuos conciudadanos, les he preparado hoy una pequeña curiosidad que refrescará su memoria, que me la tienen estropeada tanto hacer cosas raras con sus cabezas!

Va de dos asiáticos que nunca lo fueron, y de un húngaro que hoy sería rumano. Herr Warner Oland es oriundo de Suecia, y sin embargo el destino le ha condenado a repetir papeles de orientales entre los que sobresale su serie del detective Charlie Chan que idease Earl Derr Biggers, aparte de sus incursiones en el fantástico por las que pronto será aquí debidamente homenajeado.

En una de sus primeras encarnaciones le tocó enfrentarse nada menos que con Don Bela Lugosi, nativo de una región húngara que hoy pertenece a Rumania. Fue en The Black Camel (1931) cuya versión en pulp español les adjunto aquí, de 1941 y con cubierta de Margenat retratando al gran actor. Hala, recreen la vista con la pequeña galería que les he confeccionado.

Del Imperio Austro Húngaro viene Peter Lorre, el pequeño dios. Hoy sería eslovaco; cuando nació vaya usted a saber qué le cayó en suerte ser. El caso es que se le suele tener por alemán; recientemente ha ido a dar a Hollywood y la necesidad le ha obligado a reciclarse en japonés, encarnando al detective atildado, sabio e impasible que en las novelas de John P. Marquand responde al nombre de Míster Moto. Nada menos que en ocho ocasiones ha sido Lorre hijo del Sol Naciente entre 1937 y 1939, ocho películas contra sólo seis novelas. La Segunda Guerra Mundial muda su suerte al convertir a los nipones en los malos, dando a Lorre la ocasión de abandonar el papel cuando la Fox abandona la producción de la serie.

Miren, miren con qué arte ilustró San Emilio Freixas la edición de Molino de 1947. Con ella les dejo; otro día les contaré de cuando Karloff, el ilustre caballero británico, devino también polizonte asiático en los Estados Unidos de América.

martes 22 de julio de 2008

El Circo Meliés

EL PRODIGIOSO CIRCO MELIÉS
Contra lo que saben ustedes es mi costumbre, voy a recomendarles algo muy de ahora mismo, un blogo que hay aquí en la red y que no se pueden perder.
El nombre es muy sugerente, Circo Meliés, dos gratísimas referencias. Y de eso va precisamente: de las relaciones del mundo del circo y espectáculos afines con el celuloide, especialmente con el rancio, que es por el que se tiene fervor en esta casa.

Verán allí incontables maravillas. Desde la actuación en directo de una Mosca Equlibrista a la vida extraordinaria del fakir conquense Daja Tarto, pasando por la intervención de la mandíbula más poderosa del mundo, la Princesa Rajáh capaz de bailar sujetando una silla entre los dientes, o las singulares pulgas amaestradas dieciochescas con sus carruajes y sus duelos de esgrima.
Todo cuanto se refiera al mundo colorista y excesivo del circo del primer tercio de siglo, abarcador entonces también de teatros y cabarets, y lugar mítico muy anclado en la mentalidad popular, ya ven.

Como prueba de ello les dejo con una serie de portadas de folletín , fechadas entre 1920 y 1935, que de un modo u otro beben de las fuentes del universo circense. Hay dos o tres pequeños héroes saltimbanquis, un detective en la jaula de las fieras, una amaestradora de pájaros, un gorila con garrote y hasta un ejemplar de la Biblioteca del Abuelito, colección dedicada para escarnio de mi nombre a glosar las pías hazañas del antipático niño Juanito Bosco.

Hala, todos al circo, que les invita su Abuelito. http://www.circomelies.com/

sábado 19 de julio de 2008

The unearthly / The mad Magician

La Terraza de Verano del Abuelito presenta...

THE UNEARTHLY.
Director: Boris Petroff. Con John Carradine, Tor Johnson, Allison Hayes, Myron Ealy. USA, 1957
THE MAD MAGICIAN
Director: John Brahm. Con Vincent Price, Mary Murphy, Eva Gabor. USA, 1954.

Atiza, nada menos que un programa doble dedicado a los flacos que dan miedo echaron el otro día cuando bajé hasta la Terraza de Verano! Con dos series B modernas, de los cincuenta, protagonizadas por célebres leptosómicos, John Carradine y Vincent Price.

La primera, The Unearthly, no puede ser mala: una película que se abre con Tor Johnson turulato estrangulando a una doncella raramente puede defraudar. Es producción de 1957 en la que el luchador sueco, ese icono perfecto de todo un modo de entender el cine, repite el papel de Lobo, sicario retrasado al servicio de un mad doctor. Así que si antes había secundado a Bela Lugosi en Bride of the monster (1955), ahora le toca estrenarse junto a un Juan Carradine experto en glándulas, residente en una mansión apartada llena de pacientes locos y obsesionado por conseguir la fórmula de la eterna juventud.

Es como pueden imaginar un filme hecho de arquetipos y lugares comunes que juega con el placer que la iteración causa a los devotos del género. Y no falla. Sólo por ver a Tor deambulando medio zombi por oscuros pasillos o acarreando ataúdes a la luz de la luna ya valdría la pena este Unearthly.

No digamos por contemplar a Carradine rabiando porque los experimentos le salen mal, y en vez de en jóvenes convierte a las personas en deformes, hirsutas o mutantes. Director de una particular casa de reposo en la que guarda catatónicos y horrendas arpías en los sótanos, se entretiene entre frascos y probetas y aún le da tiempo de tocar el órgano, instrumento preferido por este tipo de perturbados.
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Más allá del regocijo visual que semejantes actorazos garantizan, la narración es torpe y deslabazada, avanza a golpes y encima escamotea a la recua de mutantes barbudos que ven en el bonito cartel hasta el final, todos en una jaula sin hacer nada y cuando ya se ha muerto Carradine, a película acabada. ¿Cómo se puede ser tan asno, señor Petroff?
Tras el descanso, los bocatas y las gaseosas echaron otra peli, esta con Don Vicente haciendo de aprendiz de brujo. Ventaja es que se desarrolle este thriller en el mundo de la farándula decimonónica, entre prestigitadores, bambalinas, funciones y magos de dudosa calaña. Mundo hermoso desaparecido, con aires de gran guiñol que disparan el resorte salivar del fan con sus estéticas excesivas y su grandeza de tres al cuarto.
Va de un inventor de trucos para espectáculos de magia profesional, un pobre infeliz a quien roban sus mismos clientes y cuya mujer encima se ha largado con el empresario que lo explota inmisericorde. No le dejan ni arrimarse a sus creaciones -obras de bizarría macabra, como la guillotina motosierra o el horno crematorio instantáneo-, le malpagan y le humillan. La cosa tenía que explotar y Price, valiéndose de su camaleónico talento para el disfraz, emprende una venganza que no deja títere con cabeza.

Dirige el gran John Brahm en horas bajas esta historia con algún punto en común con su anterior The lodger, aunque el genio que allí desbordaba apenas asome en este humilde entretenimiento. Un inmenso Don Vicente, eso sí, creando unos inventos a caballo entre los de Franz de Copënhage y las máquinas de asesinar, acaba por redimir este pequeño cuento cruel.

jueves 17 de julio de 2008

Spacehawk


EL HALCÓN DEL ESPACIO
Aprieta el calor en este Desván, pongo mi ventilador en marcha y les dejo a ustedes refrescarse la vista con algunas imágenes más modernas y cosmopolitas de lo acostumbrado.
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Son obra del grandioso Basil Wolverton, un dibujante americano justamente glosado por los paladares más exquisitos cuyos dibujos, inéditos casi todos en este nuestro ignorante país, habrán podido ver los más espabilados en otros blogos ilustres como el de Don Ausencio. En la red hay abundante información sobre sus trabajos y andanzas, así que moléstense en buscar un poco, que no voy a darles yo todo hecho, criaturas.
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Corresponden estos a uno de sus primeros personajes, El Halcón del Espacio, que nunca tuvo título propio y cuyas aventuras aparecieron en los tebeos Circus Comics y Target Comics entre 1938 y 1942. Yo las he sacado de mi colección, cinco numeritos de una reciente reedición que no tiene más que dieciseis años de edad, y que realizó Dark Horse en América. -
El talento para lo grotesco del autor rebosa excesivo y fértil desde sus primeros tiempos. Nunca se vió tal despliegue de horrendos alienígenas, cosmonautas con bigote, aeronaves de plomo o chinches gigantes.

Ahí les dejo, con copiosa galería de imágenes hipnóticas, de apabullante sinceridad, contundentes como puñetazos. Confío en que su buen gusto sabrá apreciar el trazo de este gigante en lo que vale. Aprovechen y tomen buena nota, mentes vírgenes.

martes 15 de julio de 2008

Student von Prag

EL ESTUDIANTE DE PRAGA
Director: Unas fuentes dicen Paul Wegener y otras Stellan Rye. Con Paul Wegener, Lyda Salmonova, John Gottowt, Lothar Körner. Alemania, 1912.

Este hombretón grandote y siempre serio, Paul Wegener, anda implicado en un montón de títulos que tienen que ver con el fantástico, bien que se le va la vena por la cosa europea, teutón que es él, y por la estética de la leyenda y el cuento de hadas. Buenas elecciones, al cabo, que en su caso han dado frutos de lo más sabroso como las dos partes de El Golem (1915-1920), El hombre que vendió su sombra (1920) o la aventura Los budas vivientes (1923), con sus yoguis malvados y sus luchas en el plano astral.

Con fuerte aroma de antigualla, este Estudiante de Praga cuenta la historia de Balduino, universitario pobre que antes que a los libros prefiere arrimarse a las espadas, las mozas y las cervezas. Desesperado por no poder vivir como un pachá, el diablo se le aparece en forma de viejales saltarín y patizambo y le engatusa para que a cambio de una fortuna le deje llevarse consigo su reflejo en el espejo. Parece un chollo, la verdad, y más de uno entre ustedes estará pensando en hacer lo mismo. No es aconsejable, que desde que dijo sí, Balduino anda aterrado: continuamente se le aparece su doble, incluso cuando va de paseo con la novia, haciéndole la vida imposible y causando el natural espanto en cuantos le rodean. Y encima no se refleja en el espejo. Mal ha de acabar este chico y pronto lo habremos de ver nosotros.
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Ecos teatrales resuenan fuertes y claros, demasiado, que con sus formas envaradas la película se aleja de lo propiamente cinematográfico. Menos mal que es para caer en las aguas del cuento, miríficas y salvadoras, capaces aún de insuflar algo de magia entre tanta gesticulación, tanta parsimonia, tanta cámara fija y tanto atracón de fotograma sepia.

domingo 13 de julio de 2008

Tarzan the Tiger

TARZAN THE TIGER
Director: Henry Mc Rae. Con Frank Merrill, Natalie Kingston, Sheldon Lewis, Al Ferguson, Mademioselle Kithnou. Serial. USA, 1929
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¡Qué alegría más grande, ver por fin en la pantalla una de Tarzán que le hace algo de justicia al personaje, tan maltratado como lo ha sido siempre el pobre en sus avatares cinemato-gráficos! Y no es que uno no se distraiga grandemente con la serie clásica de Johnny Weissmuller, pero lo hace concediendo, a sabiendas de que está ante algo muy, muy alejado de las aventuras originales. Está bien, pero es mainstream para toda la familia y como de risa, con ese hablar tosco, las gracias de la mona Chita y los artilugios de la casa de la selva: simples episodios carentes de épica por todas partes; agradables en su sencilla estructura, pero radicalmente diferentes a los de las novelas de E. R. Burroughs hasta el punto de parecer otro personaje.
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Tarzán es héroe pulp, como La Sombra o Doc Savage; mal ha tenido siempre el cine recrear las atmósferas del papel barato, cuyo poder evocador no conoce los límites que la imagen real impone. Carácter serio por venir de dónde viene, lo que lo hace más ingenuo aún; vagabundo y rey de un África imaginaria que se reinventa en cada título; héroe por antomasia sobrio y circunspecto como el resto de sus compañeros de andanzas en las revistas de aventuras de los primeros años del siglo.
El caso es que este serial que he venido empapusándome estos días pasados es tal vez lo más cercano que he visto al espíritu original de Tarzán, junto con otros títulos también silentes -el cine mudo es el más justo con nuestro paladín de la jungla- como el primero de Elmo Lincoln, Tarzán de los monos (1918) o aquel otro en que sale Boris Karloff haciendo de hechicero malo, Tarzan and the Golden Lion (1927).
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Este de hoy es serial de quince episodios que adapta bastante fielmente la novela Tarzan and the jewels of Opar (que por aquí se tradujo como El tesoro de Tarzán, una barbaridad más), producido por la Universal con la misma pareja protagonista que otra serie del año anterior, Tarzan the Mighty. Frank Merrill, culturista, da bien el tipo; Natalie Kingston es una Jane sexy y estilizada, con su trajecito selvático tan escaso y ceñidito.

Pueden imaginar, siendo como es un serial, que la acción predomina hasta el atropello, que la puesta en escena es corta de medios pero muy aprovechada, y hasta sospechar que acabe por resultar, como tantos, repetitivo hasta la naúsea. Raramente, no es así. Ritmo menos acelerado que de costumbre, tal vez por la fidelidad al texto literario; selva raquítica, eso sí, con los stock shots de fieras justitos, sin abusar; inventiva en el desarrollo de la acción y sentido del espectáculo insólitos.

Y claro está, el despliegue de maravillas que enamora a cualquier fan que se precie, y que convierte este serial en joya: sacerdotisas celosas locas por engatusar a Tarzán, tesoros ocultos, pérdida de memoria del héroe, señores vestidos de gorila, luchas con cocodrilos y leones, vírgenes vestales que danzan alrededor del altar de los sacrificios humanos del olvidado Templo de Opar, malvados con bigote y salacot, mercados de esclavas en los que lúbricos moros pugnan por adquirir carne de blancas, elefantes amaestrados...

Pura esencia de pulp condensada y destilada con sabiduría y sinceridad. La verdad, ¿quién puede pedir más?

miércoles 9 de julio de 2008

Visibilidad lésbica

EL TRIUNFO DE CARMELA
Hala, para que luego digan que el Abuelito no vive al día: me he enterado del día del gay que se ha celebrado hace nada, y yo también quiero contribuir a eso de la visibilidad lesbiana que coreaban las masas, que me parece muy bien todo eso. De ahí la muestrecilla que hoy viene a colocarse en el polvoriento escaparate del Desván.
Proviene de un ejemplar de la colección La novela de hoy, una de tantas de las que se publicaban semanalmente en el primer tercio de siglo (veinte, claro, otro no hay). Ediciones populares, a bajo precio, pero con contenidos lejanos al mundo del género, elaborados por autores "de prestigio", fuera del circuito del pulp y el folletín. Aquí caben de Unamuno a Emilio Carrere, pasando por Baroja o el teósofo Mario Roso de Luna.

Dirigió la colección el autor de esta obrita, el prolífico y entonces renombrado Artemio Precioso. Este título apareció en enero de 1925, y cuenta la historia de dos amigas, Carmela y Marité, artista una e intelectual la otra, alumnas en el internado de unas monjas francesas de un pueblecito del norte de España.

Ambas desarrollan una íntima amistad que no se molestan en absoluto en ocultar. La verdad es que sorprende la naturalidad y hasta la delicadeza del escritor al tratar el tema: nada de porno, como ocurriría pocos años más tarde, nada tampoco de mojigaterías ni convencionalismos. Ni de rollos enfermizos a lo Bilitis de David Hamilton.

Cinismo a raudales, eso sí: para sortear a la sociedad, cada una de ellas se casará con el padre de la otra, ambos respetables viudos, pudiendo así seguir su romance sin que ningún carca les estorbe.

El texto es deliciosamente expreso; de los dibujos del ilustrador Varela de Seijas no les comento, que a la vista tienen su elegancia y donosura. Vean a las dos amantes retratadas, paseando del brazo, haciendo befa de la facha de la clase (que pintan como fea), encarando la autoridad paterna o dedicándose las más explícitas carantoñas.

Ya lo ven ustedes: visibilidad lésbica, como la que se pide ahora, pero de 1925 nada menos. Para que luego se quejen ustedes de lo viejuno...

lunes 7 de julio de 2008

Mi madre se llama Sagrario

MI MADRE SE LLAMA SAGRARIO.
Documental. Director: Manuel Valencia. Con Sagrario Valencia, Manuel Valencia. Montaje: Luis Sánchez Toledo. España, 2008

Se ve que es hoy día de transgresiones, porque toca hablar de un cortometraje, cosa rara, y de ahora mismo, más raro aún en este Desván con regusto a polilla y naftalina. Pero la cosa vale la pena, y tengo la excusa de que está dirigido por don Manuel Valencia, figura señera del fantástico nacional, monarca del fanzine más viejo de España, el 2000Maníacos, y realizador de la película del asesino chiflado Manolín, que asomó hace algún tiempo por aquí.

Verán, es una cosa muy rara. El filme dura nada más catorce minutos, y básicamente sale una señora, Sagrario, madre del director, haciendo sus cosas cotidianas -ir al gimnasio de la tercera edad, arreglar la casa, cocinar unas magnas gachas con tocino...- y hablando mientras tanto. Así parece muy normal todo, verdad? Y sin embargo, en cuanto te metes dentro -que es en seguida gracias a un comienzo hilarante- en vez de ver la cocina de doña Sagrario, su dormitorio o la sala de estar, uno se pone a percibir otras cosas, tan claras como si fueran esas las que realmente estuviesen saliendo en pantalla.

Ve la vida en el campo en los años cincuenta, en un pueblo perdido de Cuenca; ve su ritmo, sus tareas pesadas y magras en recompensas; el apego a la tierra; la gana de vivir; una muerte cochina como todas; la emigración a la ciudad. Una vida que pasa día a día casi, el barrio periférico, la fábrica, los apuros apegados como una segunda piel, los nacimientos que se suceden. Vida ignorada, mundos desaparecidos hasta ayer cotidianos que desfilan como por encanto ante nuestros ojos. Y encima, lo mejor de todo, se creen porque son y respiran sentimiento y verdad.

Y así es porque se huye del tono lacrimógeno, que entonces sería mentira y manipulación. Como en la realidad, el drama, que lo hay y mucho si uno quiere verlo, viene alternado con la risa, con lo cómico y hasta con lo bufo. Más allá de la resignación, que sería asunto cristiano y ajeno, está la decisión de tirar para delante por encima de todo, que total todo esto no son más que dos días y no vale la pena tomarlo demasiado en serio. Lección sensata y sabia que transmite tanto la protagonista como sobre todo el realizador, con un modo de narrar inteligente y preciso, mágico, diría sin miedo a pecar de atrevido ¿O no es acaso pura magia cinematográfica que nos enseñen unas imágenes y en su lugar podamos ver, por una vez, aquellas otras que siempre quedan ocultas detrás de los fotogramas?

sábado 5 de julio de 2008

Before I hang

BEFORE I HANG
Director: Nick Grinde. Con Boris Karloff, Edward van Sloan, Evelyn Keyes, Brice Bennet. USA, 1940.

Otro título de la serie de películas que el gran Karloff rodó para la Columbia en la década de los cuarenta haciendo en todas ellas de sabio loco, menores y más timoratas que sus realizaciones para la Universal pero dignas de aprecio; poco a poco irán dejándose asomar por este Desván.

En esta ocasión encarna al bondadoso pero equivocado doctor Garth, quien en sus estudios en pos de un suero que elimine el proceso de envejecimiento ha tenido un pequeño descuido mandando al otro barrio a uno de sus pacientes: en la penitenciaría se encuentra, a la espera de ser ahorcado.
Mas gracias a un alcaide curiosón, el sabio continua sus experimentos en el laboratorio de la prisión, ayudado por el médico de la cárcel, Edward Van Sloan, el doctor Van Helsing del Drácula lugosiano. La mala fortuna quiere que antes de ser indultado, Karloff haya experimentado consigo mismo inoculándose suero elaborado con sangre de un asesino en serie, heredando del donante todos sus malos instintos además de perder canas y arrugas por el camino. Sólo Karloff sabe hacer creíble, sin maquillaje ni nada, la transformación del buen médico en el compulsivo criminal que estrangula a diestro y siniestro.
La verdad, todo está muy bien aprovechado, desde el modesto laboratorio al que una hábil fotografía saca máximo partido, hasta el tono serio y lleno de gravedad que rezuma la película. Un guión bien estructurado, que no divaga ni se entretiene en tonterías; una puesta en escena sobria y eficaz, ajena a goticismos; ausencia de personajillos cómicos o parejas mala pata, y respeto absoluto a las convenciones del subgénero: virtudes más que suficientes las que adornan este filme, que todos ustedes deberían ponerse a buscar ahora mismo si fuesen personas inquietas y de buen gusto.

miércoles 2 de julio de 2008

Una contribución al nazismo pop

CUANDO LOS NAZIS ERAN LOS BUENOS

Una más de esas cosas de estas tan nuestras y tan particulares, tan celtíberas: España es el único lugar de Occidente en el que en los años cincuenta los nazis pueden seguir siendo los buenos de la película. ¡Ay, esas amistades del Tío Paco y compañía! ¡Ay, que se le ve el plumero a la neutralidad ibérica!

Como contribución a ese nazismo pop que tan en boga han puesto algunos de ustedes -perversión particularmente grata para quien esto suscribe- voy a enseñarles varias muestras que salen de los rincones del Desván. Todas de la posguerra mundial y españolas cien por cien.
1953: Vean la soflama que el soldado ex combatiente de Stalingrado y ahora consagrado a la defensa de Berlín endiña a los lectores de Hazañas Bélicas, del magnífico Boixcar. Con gusto la hubiera suscrito Heinrich Himmler en el período final de la Guerra. Los tebeos de Boixcar nunca exaltan directamente a los nazis, se limitan a constatar el honor y la valentía del ejército alemán. Y la esencia de su lucha en defensa de los valores de Occcidente. A Hitler ni se le nombra en sus más de doscientos episodios.

Justo lo contrario que en la portada del albúm de cromos Huellas del hombre, que editase Ferma en 1966, y en el que, fíjense bien, Adolfito aparece junto a otras celebridades como Cervantes, Picasso, Einstein, John Glenn o Charlie Chaplin. Uno más, solo que un poco más malo, viene a explicar el texto.

Tampoco se cortan de enseñar al führer, aunque bien se guardan de orillar su relación con él, los autores del Album de narraciones dedicado a la vida y hazañas del mariscal Rommel, otra colección de cromos editada en 1960 por los Chocolates Lloret de Villajoyosa. Dibujos toscos y de nuevo exaltación de lo castrense ¿por encima? de las ideologías.

¿Y qué me dicen del tebeo de la serie Héroes bélicos, de 1955, consagrado al gallardo paladín de la Luftwaffe recientemente condenado en Nuremberg, el Mariscal del Reich Herman Goering? Con dos cojones, sí señor. ¡A los amigos no se les olvida, hombre! ¡Bien que nos ayudó la Legión Cóndor! ¡Que si ellos tienen ONU, nosotros tenemos dos!

viernes 27 de junio de 2008

No debe leerse de noche - 2

NARRACIONES TERRORÍFICAS

Vaya hoy, que no tengo tiempo ahora de entretenerme, la segunda tanda y última por el momento de las Narraciones terroríficas con que se iniciase la sección Los Libros de Miedo.

Vean de nuevo el Weird Tales en español, donde aparecen -piquen encima y leerán bien los créditos- Lovecraft junto a José Mallorquí compartiendo portada con Gustavo Adolfo Bécquer. Son los años treinta y todo cabe en el pulp.

Bram Stoker, El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde bajo el título y la imagen imperecederas de Fredric March, calaveras con ojos, sin ojos, esqueletos colgados. Iconografía perpetua para que nadie se llame a engaño.

Les pongo de complemento publicidad de otras colecciones la casa sacada de las mismas novelas, siempre agradecida por el fan y llena de sabor para el gourmet y de color para el fetichista del papel viejo. Ya sabrá cada cuál en qué categoría está.

La próxima entrega de